Diez Años Del Motor de Caca

Hola a todos los presentes. [aplausos]

Soy Eustaquio García, máximo responsable en España de Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A., filial de Schubladen Kopfhörer GmbH, y me han encargado abrir este ciclo de conferencias conmemorativas del décimo aniversario del descubrimiento del motor de caca. [más aplausos]

Creo sinceramente que la manera más pertinente de iniciar estas lecturas es realizar un breve repaso a estos últimos diez años de innovación, desmontando mitos y malas interpretaciones, para así tener una base de conocimiento adecuada que nos permita pronosticar la evolución de nuestro negocio.

Como todos ustedes ya sabrán, tal día como hoy, en 2011, John Goodroll, un ingeniero industrial venido a menos a consecuencia de la Gran Crisis y reconvertido en pequeño traficante de drogas, realizó un descubrimiento trascendental: calentando hachís en su microondas con la intención de facilitar el corte para su posterior venta al por menor, el electrodoméstico estalló con una violencia inusitada. Imperturbable ante el destrozo ocurrido en su cocina, Goodroll tuvo la curiosidad y la inteligencia suficiente para comprobar, mediante pruebas organolépticas —textura, olor, sabor—, que el supuesto hachís se trataba en realidad de heces humanas compactadas.

Siendo consciente de que era muy probable que en más de cincuenta años de uso de magnetrones generadores de microondas, nadie hubiera probado sus efectos en tal sustancia de origen humano, comunicó sus pesquisas a un buen amigo de la infancia: Albert Kleinerweinberg, investigador y profesor titular de la Universidad de Karlsruhe. Y sus hallazgos, hoy en día reconocidos universalmente, llevaron al descubrimiento en unas pocas semanas de la enzima conocida como metanofusionasa, presente en la sustancia fecal de todos los seres humanos. [dentro diapositiva]

Esta imagen muestra el funcionamiento de dicha enzima. Su peculiar forma en tijera, como ya sabrán, es capaz de captar dos moléculas de metano —también presente en las propias heces— y fusionar dos átomos de hidrógeno, liberando a continuación etano, helio y una cantidad importante de energía. Para inducir la reacción, la presencia de microondas en la banda de 2,45GHz es fundamental, pues induce el movimiento alternante, por resonancia, de los dos polipéptidos que conforman la proteína, hasta que el choque de las moléculas de metano producen la fusión del hidrógeno.

El descubrimiento fue de tal trascendencia que fue publicado a los pocos meses, tras cierta reticencia inicial, por la revista Nature; y tan sólo 5 años después Kleinerweinberg recibió el Premio Nobel de Física a consecuencia del hallazgo. [aplausos]

Pero vayamos a lo que interesa: las aplicaciones técnicas de esta enzima y sus implicaciones económicas. [murmullos de aprobación]

Al tratarse de un trabajo universitario no sujeto a copyright, las empresas quedaron libres para competir por el diseño de aplicaciones de esta nueva tecnología. La dificultad más evidente a la hora de trabajar con esta enzima fue el de la temperatura, ya que la enzima pierde efectividad por encima de los 85º Celsius de temperatura.

Así, la compañía estadounidense Enershit, iniciada por dos estudiantes universitarios, fue la primera que recuperó un viejo invento, apenas apreciado durante más de cien años, para explotar el bajo régimen de temperaturas que exigiría un motor de caca: el motor Stirling.

El primer prototipo de un motor de automoción basado en la metanofusionasa se fabricó en 2013 a un coste ridículo. No mayor que una lavadora, acoplado a una furgoneta permitió a esta realizar el trayecto de ida y vuelta entre Nueva York y los Ángeles consumiendo tan sólo 100 gramos de mierda humana. Enershit, que ahora es una fundación, liberó su patente [abucheos entre el público] con la intención de fomentar el uso de esta nueva forma de energía, digamos, limpia.

Mas la noticia, como es natural, fue acogida con recelo por las grandes empresas petroleras y eléctricas, que por el miedo al cese de su modelo de negocio ante la presencia de una fuente energética a tan bajo coste, inmediatamente constituyeron la SGPE [aplausos atronadores], Sociedad General de Productores de Energía. Los lobbies en Washington abordaron la cuestión con diligencia, y en tan solo unos meses la Human Faecal Substance Act fue aprobada en el Congreso por la totalidad de los republicanos y gran parte de los demócratas. [más aplausos]

Esta ley imponía un canon monetario al acto de cagar, y su aplicación fue muy efectiva, ya que la propia ley también obligaba a negocios y particulares a pagar, de su propio bolsillo, la adaptación de todas las tazas de váter del país. Que desde entonces cuentan con un sistema de monedas, parecido al de las máquinas tragaperras, que sólo permite la apertura de la tapa si se introduce una cantidad, variable de estado a estado, de entre 20 centavos y un dólar. El dinero, almacenado en una caja precintada, es recaudado bimensualmente a domicilio por agentes de la SGPE. [aplausos breves]

En paralelo, los ayuntamientos también tomaron medidas pertinentes para evitar un colapso de la industria energética, obligando a los ciudadanos a entregar, para su reciclaje, las heces fecales generadas por ellos. Un riguroso control, mediante entrevistas, revisiones sorpresa y control de los alimentos ingeridos, asegura que ninguna persona almacene mierda para consumo propio, bajo amenaza de multa. Presiones diplomáticas exportaron ambos modelos recaudatorios al resto del mundo en un par de años. [tres minutos de aplausos]

Sin embargo estas disposiciones gubernamentales no fueron del agrado de todo el mundo y surgió la picaresca. Muchos poseedores de vehículos con motor Enershit comían grandes cantidades de fabada a escondidas (de hecho, esta táctica provocó un aumentó considerable del precio de las alubias) y se dedicaban a cagar en una lata para evitar estos controles. [“criminales”, grita alguien al fondo de la sala]

Estaba claro que las medidas adoptadas eran insuficientes. [murmullos de aprobación]

Por otra parte, un movimiento social emergente [abucheos] abogaba cada día con más fuerza por la ausencia de restricciones a lo que consideraban falsamente una democratización de la energía; [más abucheos] Como los presentes en la sala saben, no hay que confundir libertad con libertinaje, ni democratización con jauja. [risas, aplausos] El mercado debe sostenerse; y esto no estaba sucediendo en 2018. Afortunadamente, la ciencia y la tecnología acudieron con la solución, nuevamente de manera inesperada. [aplausos]

Un becario del Instituto Tecnológico de Miskatonic, cuyo nombre no ha trascendido, pero sí su fama de marrano debido a la costumbre que tenía de hurgarse los orificios, descubrió accidentalmente que la hez humana, al más leve roce con cantidades mínimas de cera de los oídos, perdía su poder catalítico de fusión. Ulteriores investigaciones mostraron la presencia en esta sustancia de otra enzima: la metanofusioinactivasa, que como su nombre indica inutilizaba la efectividad de la metanofusionasa. Esto era debido a que este nuevo catalizador era capaz de bloquear la bisagra molecular de la metanofusionasa que posibilita la oscilación que hace chocar los átomos de hidrógeno de las moléculas de metano ligado a ella.

Una nueva era había nacido [aplausos]. Como abordarla todavía constituye motivo de cierta polémica, aunque esta, afortunadamente, está llegando a su fin.

En USA la estrategia adoptada fue la creación de un cuerpo administrativo de carácter parapolicial, la EWA (EarWax Administration). Dotada con miles de millones de dólares en presupuestos y casi un millón de efectivos humanos, obliga a todo ciudadano USA a chuparse la cera de los oídos en cada comida, ya que la metanofusioinactivasa resiste el tránsito intestinal, para así inutilizar la capacidad energética de la giñada estándar estadounidense.

Sin embargo, esta estrategia, apoyada por la SGPE pero criticada incluso desde algunos elementos del propio gobierno USA, está provocando graves conflictos sociales —entre otros motivos, por la obligación de comer sólo bajo supervisión de la EWA—, además de suponer su aplicación un gasto para los contribuyentes de casi el 2% del PIB del país. [“y para que está el estado”, grita alguien entre el público]

En la vieja Europa, no obstante, hemos adoptado una medida mucho más racional [aplausos], aprobada por el Parlamento Europeo hace casi dos años, y que obligará a cada europeo, antes de 2025, a

  1. Instalar un tapón permanente en el ano [aplausos] y
  2. Rediseñar quirúrgicamente el sistema digestivo para poder giñar por las orejas. [aplausos atronadores]

Esta estrategia de anulación de la capacidad energética de la caca, infinitamente más efectiva que la aplicada en USA, no requiere un posterior control o seguimiento del ciudadano —lo que abarata costes— y supone un trastorno, digamos, mínimo para su vida diaria, además de reactivar la economía posibilitando la iniciativa privada mediante la creación de empresas rentables como Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A. [aplausos tímidos] y otras derivadas.

Para finalizar la apertura de este ciclo de conferencias, debo afirmar que, sin duda, creo que ha llegado el momento de felicitarnos por haber podido dominar una nueva forma de energía que, en su nacimiento, casi dibujó como inevitable el colapso de nuestro sistema económico, debido a la aparente falta de control que conllevaba su uso. [aplausos]

Me despido de todos ustedes lamentando no poder atender a una rueda de ruegos y preguntas; no oigo nada porque tengo los oídos taponados [risas] a causa de la digestión del estupendo desayuno continental con el que nos han deleitado hoy los responsables de la organización de este evento.

Hasta la próxima. [ovación]

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