Kelvin Clon

Siguiendo con las historias de éxito empresarial, hoy le toca el turno a Kelvin Clon. ¿Quién podría suponer que llegaría a triunfar de esta manera?

Kelvin Clon nació como imitación de una marca que estuvo muy de moda durante los primeros años de este siglo y que hoy en día ha sido completamente olvidada. De hecho, he buscado en Internet y no la he encontrado. Da igual.

Ya desde el principio Kelvin Clon tuvo todo en contra para triunfar: las telas y los hilos eran de pésima calidad y los botones, reciclados de otras prendas, muchas veces no coincidían en forma o color. Peor aún, los subsaharianos con cataratas en los ojos, subcontratados a precio miserable, muchas veces cerraban sin querer cuellos y mangas al coser las costuras, haciendo imposible que la pieza ni siquiera se pudiese poner.

La ausencia de un control de calidad provocaba que estos modelos defectuosos llegaran a sus puntos de distribución habitual —bazares orientales y puestos del rastro— como si se trataran de prendas sin anomalías, produciendo alguna que otra situación embarazosa.

En el primer año las ventas fueron realmente tristes, amenazando la continuidad del proyecto; pero un día un suceso inesperado cambió todo.

Una chaqueta, vendida en el rastro de Barcelona, apareció junto con su propietaria en todos los telediarios de España. La prenda tenía cosida el dedo putrefacto que uno de los trabajadores había perdido, al parecer, al manipular una máquina de bordar defectuosa de fabricación norcoreana.

Al día siguiente la marca Kelvin Clon pasó a ser famosa en todo el mundo gracias a la rápida propagación viral de la noticia por Internet. Y la reacción del público fue un tanto anormal. Por algún motivo, la gente pensó que comprar una prenda de Kelvin Clon podía implicar encontrarse alguna sorpresa en ella que condujera rápidamente a la fama y la presencia en los medios. Las existencias desaparecieron del mercado en pocas horas.

Los gerentes, avispados ellos, aprovecharon la ola y decidieron rebajar aun más las calidades de los materiales y, lo que es más importante, subir el precio hasta superar al de la marca original. Si todo iba bien, Los beneficios resultarían asombrosos.

Y funcionó.

Ahora Kelvin Clon es una marca establecida y, sobretodo, de lo más exclusiva, debido a su precio astronómico. Por eso, hoy en día, sólo los miembros de la jet set y la beautiful people son los únicos que pueden presumir de un auténtico saco de patatas reciclado Kelvin Clon. No existe nada más chic, gracias a su broche con verdadero dedo de obrero y certificado de autenticidad.

El resto de los mortales nos tenemos que conformar con ropa normal.

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